Un colapso tecnológico del sistema aduanero mexicano dejó decenas de camiones de carga varados en el puerto de Veracruz desde la mañana del 18 de febrero de 2026, generando interrupciones de entre tres y ocho horas en operaciones clave del comercio exterior.
De acuerdo con la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar) en Veracruz, el fallo fue a nivel nacional y bloqueó por horas la liberación de unidades por falta de enlace con servidores centrales. En este puerto se mueven más de 1,200 unidades diarias, con 80% del flujo concentrado en las primeras horas, justo cuando ocurrió la caída.
La Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) realizaba una migración de su plataforma del Modelo de Administración Tributaria de Comercio Exterior(MATCE) al nuevo esquema “Aviso de Cruce” (AVC), concebido para modernizar y agilizar procesos, lo que detonó fallas e intermitencias a lo largo de la mañana y parte de la tarde, dejando ver las vulnerabilidades de la infraestructura durante la fase piloto.
En el puerto veracruzano, operadores reportaron parálisis tanto de unidades listas para salir como de las que aguardaban ingreso al recinto fiscal, lo que provocó congestionamientos dentro y fuera del complejo, fue hasta el mediodía que comenzó un desahogo parcial del flujo.
¿En que otros estados pasó, a parte de Veracruz?
Reportes regionales describen cierres intermitentes en más de 50 aduanas y filas kilométricas en puentes comerciales hacia Texas, como Nuevo Laredo, Colombia, Reynosa y Matamoros.
La Central de Servicios de Carga de Nuevo Laredo advirtió primero una suspensión temporal por intermitencias del “sistema central”, y aunque hubo reactivaciones parciales, las caídas se repitieron hasta después de las 15:00 horas.
En Reynosa y Nuevo Laredo, cámaras y asociaciones empresariales urgieron protocolos de contingencia y una modernización ordenada de los sistemas, para evitar que el comercio exterior “quede colgado de un hilo” cada vez que se actualiza la infraestructura digital.
El impacto se tradujo en tiempos muertos para flotas, sobrecostos por combustible, horas-hombre y almacenaje, además de reprogramaciones de embarques y presión sobre patios y recintos fiscalizados. En escenarios como Nuevo Laredo y Reynosa, observadores describieron una parálisis total por momentos, con miles de unidades detenidas y afectación al flujo binacional.












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